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No quieren mancharse

Los acontecimientos están evolucionando con extraordinaria rapidez. El secesionismo está superando barreras nunca antes imaginadas. En estas dos últimas semanas, desde la manifestación contra el Estado democrático de Derecho, aprovechándose del atentando en Barcelona y Cambrils, hasta el atropello a los derechos más básicos de las minorías parlamentarias en el seno del procedimiento legislativo, estamos comprobando cómo se van batiendo nuevas marcas en la carrera de la estupidez. Ya se están agotando las palabras. Estamos en la fase de la ejecución, de convertir la palabra de la Ley en hechos. Si la Constitución dispone que “los ciudadanos y los poderes públicos están sujetos a la Constitución y al resto del ordenamiento jurídico” (art. 9.1), la sujeción debe ser real y efectiva. Aquellos que violentan las reglas constitucionales, deben soportar las consecuencias igualmente previstas por el Derecho.

El Gobierno de la nación, haciendo gala de una extraordinaria paciencia, temple y sere…
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Se acaban las palabras

Según el Diccionario de la Lengua española, “leguleyo” es una persona que aplica el Derecho sin rigor y desenfadadamente. Lo visto ayer en el Parlament aconseja, o inventar una nueva palabra, o ampliar el significado. Como leguleyo procede del Latín “leguleius”, y éste de “legula”, diminutivo de lex ("ley"), propongo “legulind”, el leguleyo independentista. Una fase superior y más desarrollada de la estupidez que utiliza el Derecho como cobertura de la infamia, la mentira y la mediocridad secesionista. Se han utilizado los más diversos términos para referirse a lo visto. Desde esperpento hasta locura. Se equivocan. Es una nueva manera de conocer y ejercer el Derecho. El legulind considera que, en primer lugar, el Derecho no existe. En segundo lugar, de existir, sería el que el legulind ha establecido, además, según convenga en cada momento. Y, en tercer lugar, si las dos afirmaciones anteriores no se ajustan a sus intereses, siempre le quedará sacar el trombón y cantar la ra…

Desnudez

Lo que ha comenzado como un conflicto político, ha continuado como judicial, amenaza con terminar como alteración del orden público. Hemos pasado de comentar las entretelas del sedicente referéndum para vislumbrar, a la vista del proceder, sin límite, de los independentistas, una situación de movilización en las calles dirigida a provocar el caos.

El conflicto jurídico está llegando al comienzo del fin. El próximo miércoles aprobarán, casi en unidad de acto, la denominada ley de referéndum y procederán a la convocatoria del referéndum de autodeterminación. Una situación inédita en cualquier democracia. Y todo, en pocas horas. Se violentan los derechos básicos de los diputados (que no pueden ni debatir, ni presentar enmiendas, ni solicitar informes, ni consultar al Consell de Garantías Estatutarias), se violenta el Estatuto de Autonomía y se violenta la Constitución. Todo, con escándalo y estrépito. Con alevosía. Y, sin pausa, se convoca la consulta.

La denominada ley del referéndum de…

Odio y Ley

Las reacciones ante la manifestación del pasado día 26 se dividen, por un lado, entre la de los secesionistas para los que, como titulaba un periódico del régimen, “la marcha propició una pitada al Rey y a Rajoy” y, por otro, la de los constitucionalistas que rechazan la manipulación independentista de la manifestación. Los primeros, en un ejercicio de sinceridad, no oculto ante las cámaras, han expresado que su enemigo, o, al menos, el principal, no es el terrorismo, sino el Estado español y sus máximas autoridades. Y, los segundos, vuelven a hacer gala de una ingenuidad digna de mejor causa.

Cuando el sedicente referéndum está previsto para dentro de 33 días, la magnitud del reto que representa sólo se puede sostener si hay un grupo de personas que está convencido de que se puede alcanzar. Hemos vivido el ensayo del 1-O, la demostración de la determinación con la que un sector de la población y de los partidos afrontan el golpe de Estado que se está ejecutando. Si se ha llegado hast…

¿Unidad sin empatía?

Nada será igual. Los atentados terroristas de Barcelona y Cambrils lo cambian todo. El telón de fondo sigue siendo, por increíble que parezca, el sedicente referéndum del 1 de octubre. El Gobierno de la Nación ha aprendido, y mucho, de los errores del 11-M. Es elocuente cómo la ira de los independentistas se ha dirigido fundamentalmente contra los medios de comunicación. Los editoriales de El Mundo y El País, así como una viñeta de Peridis son sus blancos predilectos. No se puede decir lo mismo de los independentistas. Por un lado, han criticado, con ardor fanático, lo publicado en la prensa de “Madrid” (y, en menor medida en la catalana, no sea que se rompa la coherencia del discurso), como piezas de una campaña de intoxicación. Por otro, han loado, hasta la extenuación, el éxito de la policía catalana (“ya tenemos una estructura de Estado”); el papel central de Puigdemont que ha condenado a Rajoy a ser un secundario (como alegoría de que el Estado central es irrelevante e, incluso, …

Patriotismo

Los secesionistas, la patria; las izquierdas, la patria; las derechas, la patria. En España estamos viviendo una explosión patriótica. Es tan y tan importante que unos quieren tener la suya, otros quieren tener varias y, los últimos, una única indivisible e indestructible. Gustan tanto las patrias que se quieren tener muchas. No es sorprendente que los secesionistas quieran tanto la “suya”, que ambicionen huir de las “ajenas”. En cambio, sí lo es, el descubrimiento patriótico de las izquierdas. Que hoy se pueda asociar, sin escándalo alguno, izquierda y España, es un importante salto cualitativo respecto a lo vivido en estos casi 40 años de democracia.

Aún resuena, el eufemismo “Estado español” para referirse a España. Eran impronunciables palabras de la Constitución española: que España, una realidad histórica, se constituye en Estado democrático y de Derecho (art. 1) y que el instrumento por el que se constituye el Estado, o sea, la Constitución, se fundamenta en la indisoluble unid…

Ni oportuno, ni correcto ni práctico. Sobre las medidas del artículo 155 CE

La ilegalidad en la que trabajan los secesionistas catalanes se aproxima ya a su supuesto punto culminante. El 1 de octubre es la fecha marcada. Al margen de cualquier consideración, visto con cierta distancia e, incluso, imparcialidad, es una muestra de su frivolidad. El fanatismo tiene estas consecuencias. Es un voluntarismo llevado en volandas por una fe ilimitada en una capacidad, igualmente, ilimitada para afrontar cualquier reto que impida hacer realidad el sueño taumatúrgico de la nueva patria. Amos Oz, el ensayista israelí, sostiene que la esencia del fanatismo reside en el deseo de obligar a los demás a cambiar y, añado, según los dictados del fanático. Un deseo irrefrenable, ante el que se ha de rendir todo, incluida la legalidad. Un simple papel que puede ser substituido por otro. Que no existe esa legalidad que sirva de apoyo al sedicente referéndum, se establece otra. Nos anuncian que van a aprobar una ley de referéndum, de transitoriedad, de “transistoriedad”, del milagr…