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Lo grotesco y el Derecho


Grotesco es, según el Diccionario de la Lengua española, una palabra que procede del italiano grottesco, derivado de grotta “gruta”. Además del de gruta, tiene otros significados: ridículo y extravagante; e irregular, grosero y de mal gusto. Son los adjetivos surgidos de la calificación de un tipo de adorno: el grutesco. Lleno de bichos, sabandijas, quimeras y follajes. Una decoración que se utilizaba de manera profusa durante el Renacimiento. Es la hija del horror vacui. Llenar paredes, jarrones, techos, platos, muebles, … Todo colmado de imágenes ridículas, extravagantes, monstruosas. Incluso, personajes deformes. Como los retratados por Leonardo da Vinci o Miguel Ángel. Geoffrey Galt Harpham, el académico norteamericano, sugiere que lo grotesco es una categoría psicológica que él define como “una especie de lo confuso”. El observador queda en un estado de confusión. Sufre la disminución de la actividad de la consciencia frente a lo percibido. ¿Qué es lo que estamos viendo? ¿Un animal, una planta, …? Un monstruo al fin al cabo. De la gruta, a lo grutesco y, de ésta, a lo extravagante. A lo monstruoso. A la combinación desordenada de todo tipo de imágenes. Ocupar el espacio. El vacío es inadmisible. El silencio es imposible. Todo debe quedar lleno de figuras. O de gritos. Se trata de colonizar al observador. Generar confusión. La que anonada. La que impide pensar. Reflexionar. La que enturbia la mente.

En el Parlament, hemos vivido y estamos viviendo un episodio más de lo grotesco. El horror vacui del nacionalismo. Embotarlo todo, las conciencias, las opiniones y las libertades, con gritos, palabras, papeles, amenazas, … Hablar y hablar de democracia. De libertad. De soberanía. La Presidenta del Parlament grita y grita. Repite las mismas palabras sagradas: pueblo, nación, soberanía popular, democracia, … frente a Ley, al Estado, a España. En ese juego, en blanco y negro, hay que vociferar mucho. Repetir las mismas frases huecas. ¿Qué quiere decir democracia? ¿Qué se quiere decir cuando no se tiene ni la mayoría de los votos? Los secesionistas construyen el significado de las palabras a la medida de sus objetivos. El Consell Assessor per a la Transició Nacional afirmaba que la condición para emprender el camino de la desconexión en caso de la “no colaboración del Estado español” era la de “una expresión de una voluntad clara y mayoritaria de la ciudadanía a favor de la creación de un Estado independiente”. Como la condición no se ha cumplido, se rehace el sentido de las palabras.

Las paredes del escenario político catalán están adornadas de grutesco. Han aprobado la resolución de desconexión. Cataluña se separa de España. Al mismo tiempo que piden dinero al Estado “opresor”. Al mismo tiempo que la dirigencia nacionalista y el partido impulsor de la secesión son objeto de investigación penal por corrupción. Al mismo tiempo que su líder carismático, J. Pujol, cae en el pozo de la infamia y toda su familia ha sido judicialmente declarada como organización criminal. Todo al unísono. En un conjunto burlesco de imágenes, de hechos, de personajes, de circunstancias, …

El Derecho tiene muy difícil la gestión de lo grotesco. Llenar la nada para la nada. De la nada a la nada. Declaraciones y más declaraciones. Palabras y más palabras. Se mezclan bichos, sabandijas, quimeras y follajes. ¿Y qué? Nada. Lo absurdo. Lo monstruoso. Se aprueban resoluciones que superan de manera extravagante la legalidad. ¿Se podrán hacer realidad? ¿Se podrán ejecutar? Es imposible. Los funcionarios se manifiestan y piden ayuda ante la ilegalidad descarada que se les pretende imponer. Las palabras de tranquilidad que se les envía desde el nacionalismo multiplican el incendio. Dicen que asumirán todas las consecuencias. Que diseñarán los medios para impedir que tengan que soportar las consecuencias. Así lo dicen aquellos que nunca las han soportado. Y, para rematar el espectáculo, aprueban un “anexo” a la resolución con el objetivo de “blindar” los derechos sociales. ¿Blindar qué frente a qué? Los alquimistas de la política que pretenden convertir el papel en metal. Ridículo.

En la citada resolución se “insta al futuro gobierno a cumplir exclusivamente aquellas normas o mandatos emanados de esta Cámara, legítima y democrática, a fin de blindar los derechos fundamentales que puedan estar afectados por decisiones de las instituciones del Estado español, entre otros los descritos en el anexo de esta resolución." Se incluyen los sedicentes derechos “fundamentales” relativos a la pobreza energética, vivienda, sanidad, educación, garantía de las libertades públicas, administraciones locales, personas refugiadas, aborto, financiación de un plan de acción social y gestión de la deuda.

Que personas, supuestamente, serias, cultas, … hayan aprobado esta resolución demuestra que son presas del estado de confusión al que se refiere Harpham. Tanto grito ha alterado el sentido de algunos. Entiendo que los antisistemas, precisamente, porque lo son, pasan de procedimientos, reglas, leyes, … viven de y para lo grotesco. El mal se extiende. El seny desaparece. La rauxa gana. El Derecho vuela. Nadie es capaz de respaldar jurídicamente lo caricaturesco. Y, aún menos, de ejecutarlo. Es la dificultad del Derecho. Tiene sus límites. Cuando se pasa de parlotear a la acción, se transita del viento a la cárcel; de la pared llena de monstruos a los monstruos en prisión. ¿Serán capaces? ¿Querrán asumir ese precio? El Derecho es una técnica social específica basada en la amenaza de la sanción. La amenaza es eficaz porque la sanción se impondrá con seguridad. Hoy lo grutesco nos parece ridículo y extravagante. Sobre el mal gusto no hay reglas. Sí las hay, cuando se intenta subvertir a la democracia; cuando se pretende alumbrar un régimen político en el que la voluntad substituya a las reglas; el del absolutismo, el de la tiranía. El camino elegido es el de lo grotesco. El Estado democrático de Derecho tiene medios para poner fin a este estado de confusión. Su legitimidad depende de que se hagan uso.

(Expansión, 10/11/2015)

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